Publicado en may 26, 2017

¡Gracias Álvaro Guibert por este magnífico artículo del en El Cultural!

“Músicos, no médicos. O mejor, músicos que además son médicos, porque curan. Los encontramos en los pasillos del Doce de Octubre, con aspecto de doctor, bata blanca, tarjeta de acreditación colgada a cuello, entrando en las habitaciones y en las UCIs, qué tal estas hoy, has dormido bien, y recetándote una suite de Bach, unas alegrías de Cádiz o una de Los Secretos. Hace muchos años que se viene practicando la musicoterapia, pero esto es distinto. No tiene vocación alternativa, sino complementaria. No se sitúa enfrente de la medicina científica, sino a su lado.

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¿La música en vivo cura? En sentido amplio, es evidente que sí. No puede ser más que bueno para la salud cuanto se haga por mejorar el ánimo de los pacientes, alegrares la vida, humanizar su experiencia en el hospital y aligerar la carga depresiva que conlleva su enfermedad. En sentido estricto (¿mejoran los síntomas, las constantes, las analíticas, los pronósticos, los tiempos de recuperación?): ya veremos. La asociación Música en Vena, en colaboración con el Hospital Universitario Doce de Octubre, la Fundación Carasso y otros socios, acaba de iniciar el Proyecto MIR, un estudio de tres años que pretende contestar a esa pregunta siguiendo todos los protocolos y garantías del método científico. Se han apuntado ya los Servicios Intensivos, el de Neonatos y el de Rehabilitación para lesiones con dolor crónico. Y se están añadiendo otros. No puedo imaginar una noticia mejor para este mundo de la musicoterapia que, para serlo verdaderamente y poder diseñar con fundamento estrategias terapéuticas, necesita resultados comprobables. Música en Vena lleva cinco años llevando la música a los hospitales con seriedad…¡y con gracia!, única manera de que sirva para algo.

Lo más interesante de esta iniciativa me parece el efecto que tiene sobre los propios músicos. Les abre la mente como con abrelatas, les saca del micromundo maravilloso que habitan, y les da un paseo por la vida y por la muerte. Parecido al paseo del príncipe Sidharta cuando salió de su palacio y conoció el sufrimiento de sus congéneres. Eso le transformó —más propiamente, le iluminó, le convirtió en Buda— y cambió la vida de media humanidad. Estos músicos médicos se exponen a una experiencia transformadora radical para ellos y todos los circunstantes, porque la energía emocional que guardan los buenos músicos en su interior es gigantesca. Abrirles a la vida es como desatar un universo. ¡Atención: músico abriéndose, previsión de bigbang!, habría que advertir.” – Álvaro Guibert (El Cultural)