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LO QUE HACE LA MÚSICA. Y DAVID COBO.

MeV es una herramienta potente. Aunque solo hacemos una cosa: ser el canal entre un arte trascendental como es la música y una realidad en la que no solemos encontrar ese arte. Lo que ocurrió el pasado no es un milagro, es música. Y quien mejor que David Cobo para que cuente lo que sucedió. Algo que no olvidaremos y que seguiremos propiciando. Esto ocurrió el 16 de mayo, David Cobo en la Unidad de Psiquiatría de Adolescentes del Gregorio Marañón:

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“Fui invitado por MUSICA EN VENA a dar un micro-concierto para los adolescentes de la unidad de Psiquiatría del hospital Gregorio Marañon de Madrid. Llevé un pandero, tres cuencos de metal y una kalimba. Solo deseaba compartir un ratito con esas personas que están encerradas a llave porque alguien dice que están enfermos. La experiencia fue linda hasta que se convirtió en milagrosa.

Éramos unos nueve o diez adolescentes, más el personal sanitario, más la gente de música en vena, un par de invitadas y un servidor. Sentados en un circulo de dos filas, con los “enfermos” en la primera y atrás los mayores. Unos cinco minutos tarde trajeron entre dos personas a “Minn” una niña china de 15 años que según su doctora llevaba tres semanas en estado catatónico, es decir sin responder a nada, estado vegetal. Un rato más tarde invité a esa niña asentarse en primera fila, lógicamente la sentaron los médicos mientras los otros niños, sabiendo de la delicada situación abrieron hueco y sabiduría y la colocaron justo frente a mí.

Silencio en la sala, comencé a tocar un sencillo ritmo con el pandero, de repente dulce y delicadamente esa niña que “no respondía a nada”, ¡¡ se levantó sola y comenzó a bailar!! Puro baile, pura sensorialidad. Los médicos no podían creerlo ni abrir más los ojos, el corazón de la sala entera se aceleró, todo mi ser se estremecía en asombro y reconocimiento de algo ya conocido. Ahora sí, ahora la niña respondía a cada variación rítmica en el mismo instante que sucedía, coreografía divina de pecho abierto y ojos cerrados.

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El reloj dijo que pasaron siete minutos pero Minn no vivía en el tiempo, bailó un eterno presente al que generosamente me invitó. Fui llevado de su mano fina a un lugar de ¡tanta verdad, tanta sensibilidad, tanta naturalidad, tanta presencia!. La amé absolutamente, sin romanticismo, dirección, ni deseo, absoluta y expansivamente. En un instante recorrimos lugares indescriptibles donde sólo antes transité acompañado de chamanes y maestros de meditación. Gracias niña.
Más tarde me felicitaron los médicos, y se interesaron por mi versión. Entonces no supe más que emocionado y contenido decir: “Ha sido una gran experiencia”. Ahora en la distancia puedo desentrañar una versión de mi versión:

Esos niños no están enfermos, piden amor con la misma violencia que lo dan.Y es en ese contexto como en cualquier otro, que de manera excepcional surge alguien que inmerso en el verdadero Amor se ilumina, cesa de pedir y de dar y solo abre un espacio para que quién esté cerca y desee, por fin viva en eso que llamamos Dios.

Gracias por el milagro Minn”

Texto de David Cobo.

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